AÑO NUEVO
Queda clausurada la temporada pantagruélica, tras devorar un cordero lechal, unos judiones y una pata de jamón. Tengo un gran agujero en la cuenta, pues cuando uno no tiene tiempo para escoger cuidadosamente un regalo sentido y cargado de intención, se gasta lo que no tiene en impresionar con algo caro. Y con el primer día del año vuelvo a revalidar todos mis propósitos de enmienda para ser una mejor persona, me hago una larga prescripción de los no-haceres y los quehaceres que sin duda me convertirán en mi propio héroe moral, son los mismos ya que hace cinco años: ¿habré llegado a la contingencia como persona? Cada año traiciono pronto mis recetas para una vida mejor, no suelo llegar al 7 de enero, con eso de que hasta los treinta uno debe de apurar la copa de la juventud sin pensar en las consecuencias de su desidia.
Pero este año cumplo 30. Me acuerdo de un pasaje de Pushkin en que Oneguin cumple 30 y habla de cómo se rompe ya la copa de su juventud... Monta toda una hecatombre épica, en la que parece que la fecha es como una raya que uno se va a encontrar en el suelo el día de su cumpleaños, raya que tras la cual, el componente canalla deja de ser un rasgo de picardía para ser un síntoma de decadencia. Es el año en que uno debe resolver sus deudas con Hacienda y la Seguridad Social, pensarse lo de usar hilo dental y dar gracias por haber llegado hasta ahí sin alopecia. Vamos a ponernos romanticones citando al gran dandi de San Petersburgo, que la ocasión es perfecta para este tipo de excesos poéticos:
(...) ¿Acaso es cierto
que se ha marchitado para siempre
vuestra corona y se ha ido
sin elegíacas hazañas
la primavera de mi vida?
¿Acaso nunca volverá,
y pronto alcanzaré los treinta?
Mi mediodía ha llegado,
ya veo que he de admitirlo.
¡Adiós, mi juventud voluble!
Nos despedimos cual amigos.
Te agradezco mis placeres,
mis sinsabores, mis tristezas,
el alborozo y los festines.
En medio de las tempestades
y en un silencio apacible,
de ti he disfrutado... a pleno.
¡Mas basta! Despejada el alma,
iré por otros derroteros,
cansado de mi vieja vida.
Alexander Pushkin, Eugenio Oneguin, 6, XLIV, XLV
Cuando tenía trece años me escribí una carta para cuando cumpliera 30 años. No recuerdo bien el contenido. Creo que era una especie de interpelación a un yo futuro. Me desdoblaba en dos, el niño de 13 y el viejo de 30, y hacía preguntas a ese adulto distante, que sospechaba que traicionaría todos los postulados que tenía por entonces: Led Zeppelin, la lucha mundial por establecer la Anarquía y derrocar a todos los gobiernos, entregar mi vida a alguna niña de la que ya ni me acordaré... En fin, llevo 17 años guardando esa carta, creo que es el papel que he conseguido guardar con más antigüedad, y la verdad es que me sorprende que no lo haya perdido, como tantos DNIs, pasaportes, relojes, llaves, agendas y carnés... normalmente nada me dura más de cinco años.
No contaré todas las cosas que me he propuesto dejar de hacer y empezar a hacer, porque tampoco quiero dar demasiados datos sobre mis imperfecciones. Tan sólo dejaré constancia de las propuestas más glamurosas.
1. Quiero correr el maratón de Nueva York en noviembre. Todo ello conlleva una cantidad de entrenamiento que sin duda aumentará mis niveles de kriptonita en sangre. Ahora que frente a mí no tengo más que la cuesta abajo de la vida, en cuestiones físicas, me apetece hacer una última conquista de fortaleza, hacerme la foto con el dorsal y ponerla un día en mi oficina. Todavía no tengo oficina propia, pero el otro día estuve en la de un conocido productor que tenía su foto en la línea de meta del maratón de NYC, con todo el dolor y el esfuerzo de esos 42.2 km en la cara, y he de decir que a uno le entra bastante terror cuando se sienta a negociar algo ante un tipo capaz de aguantar cuatro horas corriendo. En fin, no sé si es una cuestión de vanidad o de superación personal, pero ya tendré tiempo para averiguarlo después de la carrera. Está claro que este es un tipo de cosas que entran en la categoría del "ahora-o-nunca"
2. Quiero instituir una disciplina monacal, es decir, una rutina de ciclos cortos, invariable y en que hasta el último minuto de cada día de la semana esté reservado para un propósito, que cada segundo haga girar un grado la rueda dentada que da movimiento a todo un engranaje del motor que ha de llevarme a terminar los innumerables proyectos inacabados que se cubren de polvo en los estantes de mi pequeño despacho. Levantarme y dedicar una hora y media a mi novela. Leer como mínimo una hora cada noche, hasta caer dormido, correr una hora y media todas las tardes antes de cenar...

7 Comments:
el problema con estos listados de propósitos para una vida mejor es conseguir una armoniosa interrelación. después de correr la maratón de NYC, ¿crees que podrás comer de forma monacal (claro que, el adjetivo puede aplicarse en dos sentidos opuestos)?
1:20 AM
Despúes de comer el maratón de NYC, si sigo vivo, voy a comer de una manera monacal, sí, pero mi modelo monástico es el de la Abadía de Theleme, fundada por el fraile corrupto y compañero de juergas de Garagantúa...
1:32 AM
Todavia no has cumplido los 30? ayyy mi Dios!! pero si sos un chiquilin!!! donde esta la juventud? naaa, crees que esas listas funcionan? hmmm no me lo creo. Metas cortas, bien cortas, jeje, creo es lo mejor. Salute y jamones.
5:18 AM
Silvana, acuérdate de cuando tenías 29. Los 30 asustaban un poco ¿no? En cualquier caso, hay tanta literatura sobre el paso a la treintena que me parecía importante destacar el momento con una entrada... Desde que conozco esos versos de Pushkin, siempre he querido citarlos en los albores de mi trigésimo aniversario. Uno tiene que imaginarse su vida en términos literarios para salir un poco del tedio cotidiano ¿no crees?
1:06 PM
Los versos de Pushkin son una maravilla. Jacobo, yo ya pasé largamente la crísis de los 40 y puedo decirte con total certeza (y un poco de sarcasmo si me lo permitís) que estás por entrar a la mejor parte de tu vida...
Otra cosa, si la oficina en la que viste la foto es la de un productor, yo sospecharía de su fidelidad...Y si te matás corriendo la maratón y despue descubrís que la foto del tipo fue una maravillosa puesta en escena para la foto? Mirá que el photoshop puede maravillas!
En todo caso, ánimo!Yo escribí para mis 40 una canción que se llama "Algo está cambiando".
4:34 PM
Si tu ideal de vida es Pushkin, date prisa en correr la maratón de N.Y. porque si no no te va a dar tiempo, Pushkin murió a los 38 años en un romántico duelo a última sangre por defender el honor de una mujer, la suya, que por cierto, era bastante distraida moralmente (o sea, puta).
3:32 AM
Mi ideal de vida no es Pushkin, querida Liuva. No lo he dicho en ninguna parte, sólo lo he citado. Estoy muy al corriente de su historia. Es más, si buscas en los archivos del blog, verás una foto de una mezquita de mentiras que vimos en un jardín del pueblo de Pushkin, al lado de San Petersburgo... Mola Pushkin.
5:14 AM
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