ALI FARKA TOURE HA MUERTO


Nuestro queridísimo Ali Farka ha muerto ayer en Bamako, a una edad desconocida, pues cuando nació no se llevaba eso del registro civil en el pueblo de Niafunké, a las orillas del río Níger. He encontrado una canción suya en la web, podéis pinchar aquí. No es lo mejor que tiene, ni mucho menos... Fue el primer músico africano al que prestamos atención mi hermano y yo. Me acuerdo muy bien de la primera canción suya que oí, me la puso Álvaro Reyero en su casa/oficina cuando salió el disco de Talking Timbuctu con Ry Cooder (1994). Álvaro ponía la canción de Soukura compulsivamente, la escuchaba 7 veces seguidas en una tarde. Era totalmente distinto a todo lo que había escuchado, el tipo tocaba la guitarra de una manera muy rara, pero estaba claro que era súperclase. Poco a poco, acabamos comprando todos los discos suyos que encontramos, y a través de él, nos surgió la curiosidad por la música africana. Se nos abrió todo un nuevo panorama, del que todavía lo desconocemos casi todo, aunque ahora es mi hermano pequeño el que nos da clase, se ha traído decenas de vinilos y CDs rarísimos de la Orquesta Baobab, los grupos funky de Ghana, la rumba zaireña, Fela Kuti... En la cúspide de nuestro entusiasmo idólatra fuimos a un concierto suyo, y Ali lo dio todo. Me tiraría horas hablando de su traje esa noche, creo que es lo más espantoso que he visto jamás. Cuántos buenos recuerdos quedan envueltos en sus canciones.
Aquí va un poema del también muerto reciente, Roberto Valdés, un joven poeta aficionado a la espeleología submarina, que murió ahogado en Belize hace un año. Nunca entenderé bien esta afición por la espeleología submarina. Hay aficiones absurdas, y la espeleología submarina es una de ellas, claramente. El caso es que el tipo publicó un librillo de poemas, muy irregular, hay bastantes cosas infumables, pero de vez en cuando hay cosillas que se dejan leer. Este poema esta dedicado a Ali Farka, al que por lo visto conoció en un viaje que hizo por Malí, Níger y Senegal. Vete tú a saber si es cierto que le conoció, aunque por lo visto no sería difícil, porque Ali se pasaba el día en su pequeño pueblo, entre su tractor y su guitarra.
Analfabeto (para Ali Farka Toure)
Un aguacero de notas. Inundan las arrugas de mi palma, los pliegues de mi ropa, tantos cauces vacíos que esperaban esta lluvia.
Ser arroyos para toda esta música, arroyos secos que sueñan con las líneas de agua que vuelvan a dibujarlos, a confirmarlos sobre el terreno que se erosiona sobre ellos. Un cuerpo que se hace presente en el espacio líquido de la música por las corrientes que lo recorren.
Y cuando se acabe la música ¿dónde estaré? Cuando allá arriba se derrita la mano de nieve que almacena las notas, que ha de quemarse para hacerlas fluir ¿dónde estaré?
Y si no hay silencio ¿me desharé al pasar de la música al ruido?
¿Me tragará el bostezo sin cesura de tantos agujeros negros que se esconden bajo los objetos cotidianos, desaguándome del tiempo de la música y la danza?
-Roberto Valdés (Zaragoza 1979-Belize 2005)

0 Comments:
Post a Comment
<< Home