Wednesday, November 30, 2005

SUEÑO

Contra el hormigón, sin mucho estrépito ni sangre, morí muy tranquilo en el Renault 5 que se había desgajado para clavarme a través del cuerpo la carrocería en ocho estocadas de patas de araña metálica. Se rompió el hilo de plata que me unía a los huesos y volé ligero a través de un túnel-con-luz-al-final que ya me había sido revelado en programas de televisión en que la gente clama haber estado allí poco antes de haber vuelto de la muerte clínica vía electroshock.
Al final del túnel me recibió un hombre viejo con barbas de plata que me anunció: “la vida después de la muerte será para cada uno tal y como pensó en vida que sería la vida después de la muerte”.
El viejo reía a carcajadas, le golpeé en el vientre y corrí rápidamente hacia el lado oscuro del túnel, de vuelta hacia el Renault 5, y mientras el viejo seguía riendo comencé a desvanecerme como el aliento soplado en un espejo, y lo último que desapareció fue mi consciencia que quedó cristalizada en palabras inconexas y después se agrietaron y se hicieron polvo.

Monday, November 28, 2005

POEMA LXXV DE "TRILCE"

Estáis muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados, y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca, sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.

–César Vallejo

Saturday, November 26, 2005

UN MES SIN MIRAR MI CORREO

Llevo un mes sin mirar mi correo de Yahoo. Hace poco lo abrí para ver si tenía un mensaje nuevo, y de hecho había más de 400 mails, todos ellos de personas desconocidas que querían presentarme a adolescentes ninfómanas aficionadas a las dobles penetraciones, o bien se prestaban a ayudarme a tener un miembro más largo, erecciones más duraderas, un Rolex falso, pastillas con feromonas para atraer a gente del sexo contrario, tratamientos antidepresivos... 400 mails con las supuestas soluciones a mis problemas ¿Y si todos cediéramos ante la presión de tantos filántropos virtuales que quieren proveernos con las recetas de una vida mejor?

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Thursday, November 24, 2005

CREDO APOCRIFO #1

Hay días en los que uno podría rezar el credo de una nueva religión, una fe que nace y se nutre de la sensación que uno ha tenido de haber sido testigo o destinatario de la manifestación de una gran verdad, a saber, un concepto absoluto y eterno que nos ha sido revelado a través de la contemplación de un objeto cotidiano. Son días en los que hay que capturar esa revelación escribiendo su fórmula a modo de versículo de un credo, el de una religión con fecha de caducidad, que sólo iluminará nuestras almas con una promesa de salvación durante algunas horas...

Yo creo en los saludos de los perros labradores a sus amos cuando estos vuelven a casa después de un mes
Yo creo en el sol de invierno cuando moldea con sombras y luces doradas las montañas de arena de un solar en el polígono de Alcobendas,
Yo creo en la patita chupada y deshilachada del gato de peluche de mi hija.
Yo creo en el solo de guitarra de Jimi Hendrix en su versión de All Along The Watchtower.
Yo creo en las huellas grises y cicatrizadas que dejan los picotazos de un pájaro sobre las bulbosidades de un obeso tomate de Pedreña.

Wednesday, November 16, 2005

FRAGMENTOS DE CONVERSACIONES #1

A partir de ahora incluiré fragmentos de conversaciones reales que recuerdo, y que tuvieron para mí un no sé qué de verdad trascendental. Puede que no tengan gran valor literario y que lo que digan no sean más que obviedades, pero me interesa transcribirlas tal y como las recuerdo.

X: Te has fijado ¿no? la tía esa te está pidiendo guerra, pero a gritos.
Y: Ya, ya... Pero es que tiene novio.
X: ¿Y qué pasa, eres celoso?
Y: No, no es eso... es que el tipo me da pena. Es buen chaval... su único problema es que es muy aburrido, pero es buena gente.
X: ¿Qué hay de buena gente en ser aburrido?

Monday, November 14, 2005

PEPA Y LAS MARACAS



Me he pasado meses haciendo selecciones musicales para cuando Pepa viniera al mundo. Ya cuando estaba en el útero materno le ponía unos auriculares sobre la tripa a mi mujer, y le hacía escuchar música, con la esperanza de que así, su sensibilidad se iría despertando. Como todos los padres, yo también proyecto mis frustraciones sobre el futuro de mi hija, y si tuviera que pedir algo para ella, diría que quiero que sea música para compensar mi propio analfabetismo musical. Supongo que estas cosas no funcionan. También mis padres quisieron que yo jugara al tennis, al golf, al frontón y al fútbol, y hoy en día me declaro absolutamente inútil para cualquier deporte que implique coordinarse con una esfera. Este mes le pongo a todas horas Le Nozze di Figaro para empezar a preparar su ingreso en la Scala de Milán, y de forma subrepticia y clandestina, Sonia, su tata, una dominicana bailonga que contraviene todas las fórmulas pedagógicas que trato de establecer, le pasó un par de maracas cubanas para que jugara. Pepa ignoró la dulzura de Susanna y la Contessa, y se entregó al hormigueo de aquel vientre de coco... en sus ojos, aquel verso de Lorca, ¡Oh Cuba, Oh ritmo de semillas secas!

Creo que hemos creado un monstruo. Ahora cada vez que escucha a Mozart se empeña en coger las maracas para contrarrestar y ahogar cualquier harmonía que pueda llegarle.

Friday, November 11, 2005

ACROBACIAS SEXUALES

Me envía mi hermano este vídeo promocional de una nueva herramienta para incrementar el dinamismo del coito, y aprovechar mejor la energía desplegada en el acto sexual para transformarla en movimientos más ágiles, amplios y rápidos que deberían multiplicar el placer. Yo creo que es un producto muy peligroso, que puede dar lugar a todo tipo de lesiones, desgarros y esguinces, y cuanto menos, seguro que provoca eyaculación precoz por un aumento de la frecuencia e intensidad de la fricción, y hernia de hiato por carcajada. Porque sinceramente, no creo que se pueda usar esto sin partirse de risa.

Vistos los ejercios que propone el vídeo, el problema principal –o la ventaja, según se mire– de este aparato, es que relega al hombre a una postura muy pasiva.

Wednesday, November 09, 2005

GOOGLEPOESIA II: LA CACEROLA ES ASPERA

Este es el Padre Nuestro, traducido al inglés, del inglés al japonés, del japonés al inglés de nuevo y luego al castellano. Todas las traducciones han sido realizadas mediante el traductor de Google

El padre a nosotros usted nuestros es el cielo, nombre de la justificación del destral, viene él es su reino que, su tierra con el cielo bueno. Hizo, nuestros hornos que está a nosotros nos perdonó manera, la cacerola es áspera nuestro presente de la cosa que de día y del perdón haga los nanos nuestra nuestra violación que da obteniéndonos para suceder. Y en cuanto a usted el caer de nuestras tentaciones, del malo. No hace el entregar. Amor.

¡LA CACEROLA ES ÁSPERA! ¿Será esto una verdad trascendental imposible de aprehender por mentes ordinarias? ¿Nos encontramos ante una expresión de una densidad de contenido tan grande que nos sobrepasa? ¿habremos encontrado un sentido oculto al Padre Nuestro?. Después de todo, Jesús inventó esta oración en arameo, el Nuevo Testamento la pasó a papel en griego, se extendió en Europa Occidental en su versión en Latín (idioma oficial del Vaticano) y de ahí se tradujo a las lenguas modernas que usamos. Quién sabe, quizá el Padre Nuestro original se pareciera a esto. Quizá la gran verdad no revelada es que "La cacerola es áspera".

Tuesday, November 08, 2005

GOOGLEPOESIA

EXPERIMENTO A

PASO 1. Cogemos un poema de Quevedo, como este y lo metemos en el traductor de Google. Lo traducimos al inglés.

SALMO XVI de Francisco Quevedo

Después de tantos ratos mal gastados,
tantas obscuras noches mal dormidas;
después de tantas quejas repetidas,
tantos suspiros tristes derramados;

Después de tantos gustos mal logrados
y tantas Justas penas merecidas;
después de tantas lágrimas perdidas
y tantos pasos sin concierto dados,

Sólo se queda entre las manos mías
de un engaño tan vil conocimiento,
acompañado de esperanzas frías.

Y vengo a conocer que en el contento
del mundo, compra el Alma en tales días,
con gran trabajo, su arrepentimiento.

TRADUCCIÓN DE GOOGLE:

After so many short whiles badly spent, so many dark nights badly sleepy; after so many repeated complaints, so many spilled sad sighs; After so many tastes badly obtained and so many Right been worth troubles; after so many lost tears and so many passages without concert given, mine of a deceit Only remains between the hands so vile knowledge, accompanied by hopes you cold. And I come to know that in the contentment of the world, it buys the Soul in such days, with great work, its repentance.

Y AHORA TRADUCIMOS LA VERSIÓN DE GOOGLE DE VUELTA AL CASTELLANO, CON EL TRADUCTOR DE GOOGLE: ¡Y ATENCIÓN, TENEMOS UNA NUEVA POESÍA! Y ES DE QUEVEDO Y GOOGLE, coautores del texto.

Después de que tan mucho el cortocircuito pase gravemente gastado, tan muchas noches oscuras gravemente soñolientas; después de que tan muchas quejas repetidas, tan muchos suspiros tristes derramados; Después de que tan muchos prueben obtenidos gravemente y tan muchos derechos estados digno de apuros; después de que tan muchos rasgones perdidos y tan muchos pasos sin el concierto dado, mina de un engaño permanezcan solamente entre el conocimiento tan vil de las manos, acompañado por esperanzas le frío. Y vengo saber que en la alegría del mundo, compra el alma en tales días, con el gran trabajo, su arrepentimiento.

Monday, November 07, 2005

PEPA Y YO



Es una foto de este verano, que nos hizo Belén. Yo le imito a Pepa, aunque pueda parecer lo contrario. Ninguno de los dos salimos muy favorecidos, pero la foto tiene gracia.

Sunday, November 06, 2005

BACANTES

Bueno, pues esta es la segunda versión de este cuento. Al principio del blog lo publiqué en su primera versión, y fue criticado con bastante justicia, era un truñete de cuento, pero quizás tenía algo de gracia. Ahora lo he revisado bastante porque me han encargado un cuento para una revista trimestral que debía tener 2500 palabras y un tema de actualidad con alguna moraleja. Como ya no se me ocurre nada nuevo, pensé que este es el que más se ajustaba a los requisitos. La verdad es que ni siquiera sé si es realmente un cuento, y sospecho además que no tiene ninguna moraleja. Dejaré al editor que decida de qué va este texto

Se aseguraba en todo momento de que su padre tenía suficiente ángulo de visión como para controlar cada movimiento del negro. Cuando un pasajero, al pasar, le tapó unos segundos la vista a su padre, Diego retrocedió, y con una mano se agarró al cálido muslo de su madre, sobre el que reposaba un bolso oscuro y brillante como las hachas de sílex que vieron en el Museo Arqueológico. Su madre le abrazó por la cintura, y dejó el otro brazo caer sobre aquel bolso en el estaban ocultos las pastillas contra la tos, el dinero de la merienda, las entradas del cine y tiritas para curar cualquier herida. Había remedios para todo, para cualquier cosa que pudiera surgir.
Diego miraba a los demás pasajeros para ver si notaba algún bulto en sus bolsillos con forma de pistola, uno de ellos tenía que ser un policía secreto, que también estaría vigilando al negro. Su padre le contó que después de lo de las bombas, hay un policía secreto en cada vagón. Se fijó en un señor que se agarraba a una barra y tenía una mano en el bolsillo de su chaqueta. No estaba del todo seguro, pero parecía que aquel señor quizás estuviera empuñando un arma, lista para disparar en cuanto aquel negro que no dejaba de cantar hiciera un movimiento brusco. Y si todo fallaba, podría ser que todavía quedase el ángel de la guarda, que aunque no se podía ver, flotaba invisiblemente junto a Diego.
Se acercó hasta la oreja de su madre, el ruidoso traqueteo del metro requería proximidad –¿Es verdad que si no rezas antes de dormir se va tu ángel de la guarda?–
–No sé, no creo… ¿Quién te ha dicho eso?–
–La señorita Pili.–
–Hasta que no hagas la primera comunión no tienes que rezar.–
–¿Pero tengo ángel de la guarda o no?.–
–Claro que sí.-– Su madre le sonrío con convicción. No parecía tener ninguna duda al respecto. Nada más oír esto, Diego se giró para volver a mirar al negro que cantaba muy alto, casi a gritos. Le faltaban dientes, y los que tenían estaban muy sucios. Eso es lo que debía pasar si uno no se lavaba los dientes dos veces al día.
Al principió le pareció que él era el único que escuchaba al negro. Los demás pasajeros actuaban como si no se hubieran percatado de su presencia, se concentraban más en lo que leían, miraban atentamente a la oscuridad tras las ventanas del vagón. Pero Diego, que no dejaba de observar a todo el mundo, descubrió que pese a las apariencias, todos los pasajeros le seguían al negro disimuladamente por el rabillo del ojo. Todos sabían perfectamente que había un negro dando gritos.
Si Diego empezara a cantar así de alto no pasaría lo mismo: su padre le mandaría callar directamente, hasta puede que su madre le diera un suave azote indoloro, de esos que acompañaba con un gesto fruncido que era lo que verdaderamente le dolía. Pero su madre y su padre, al igual que los demás pasajeros del metro, seguían en silencio, como si no pasara nada, como si el negro no estuviera dando alaridos y agitando sus brazos en una danza desordenada. A Diego no le era posible averiguar si el negro era consciente del efecto que producía en la gente, pues llevaba puestas unas gafas de sol opacas. Quizás por eso no veía que cuantos ahí estaban, se esmeraban en pretender que no existía y que no le escuchaban. Aunque a lo mejor llevaba las gafas para mirar sin que la gente sepa donde está mirando, incluso podría ser que le estuviera espiando a Diego, y ni él, ni sus padres lo sabrían.
En la película que vieron una noche en casa de Javi, los malos iban siempre con gafas de sol, entraban a los sitios con gafas de sol, robaban y disparaban siempre con gafas puestas. Al negro sólo le harían falta dar tres pasos para arrancarle el bolso a su madre, con las entradas de cine, las tiritas y el dinero para pagar la merienda. A la abuela de Ana le robaron un bolso los moros, los de las bombas.
Buscó la mirada de su padre, para cerciorarse de que seguía alerta, y éste le sonrió. Sólo había que ver su tripa, su cuello ancho y carnoso, sus manos carnosas, para darse cuenta de que su padre era más fuerte que aquel negro viejo, con los brazos huesudos y recorridos de venas. Si el negro se abalanzara sobre el bolso, su padre le daría un puñetazo en plena cara y le rompería ese diente podrido que le asoma, y después se entregaría a un policía y se lo llevarían a la cárcel.
Miró la ropa del negro para ver si escondía algo, llevaba una gruesa chaqueta en la que podría ocultar un arsenal, incluso una de esas pistolas con silenciador que vio en la peli, cuando el hombre de las gafas de sol dispara a otro en un bar y nadie lo oye, ni se da cuenta.
El negro cantaba cada vez más alto, y a pesar de ello, ni su padre, ni su madre le miraron un solo instante como sabían mirarle a Diego para hacerle callar, sin decir nada. Diego se agarró de la falda de su madre como si fuera un escudo protector e intentó acercarse algo al negro sin soltarla. Primero miró a los ojos de su madre, para comprobar que su maniobra era segura, sólo iba a acercarse un poco más, lo suficiente para escuchar con más nitidez las palabras de aquella canción que todos se esforzaban tanto en ignorar. Su madre se fijó en la cara perpleja de Diego y con una leve sonrisa le susurra al oído –está borracho.–
Nada más oír la explicación, Diego miró furtivamente al negro y trató de encontrar en su rostro algún indicio de reacción al comentario de su madre. Quizás le había escuchado a su madre decir que estaba borracho. Se acordó de los gritos del abuelo cuando su madre le dijo que estaba borracho –¡Yo no estoy borracho! ¡Y no se te ocurra volver a llamarme borracho en mi propia casa, porque no vuelves!– Diego soltó la mano de su madre para agarrar la pierna de su padre, con la rapidez y precisión de un babuino pasando de liana en liana. El negro seguía cantando, parecía que no le había visto moverse. Diego hizo un gesto para que su padre le acercara el oído, y le susurró bajo, para que el negro no le oyera, –¿Nos va a hacer algo?–
–Nada. Es un pobre loco... Tú haz como si no estuviera.– Su padre le acarició la cabeza y se irguió de nuevo, tranquilo y sonriente. Diego se acerca un poco más al negro.
Alvorada, lá no morro, que beleza, ninguém chora, não há tristeza, ninguém sente dissabor… el negro tosió y enseñó sus dientes podridos. A lo mejor le habría visto acercarse, esas gafas no dejaban entrever ni un brillo de su ojo. Diego se quedó petrificado donde estaba. El negro cantó de nuevo, en el mismo tono, como si nada.
El vagón entero chirrió al frenar en una curva y se llevó las palabras de la canción. Próxima parada, Callao, correspondencia con líneas, 1 y 5. El negro se calló un momento y se limpió las gafas sin quitárselas, llevándose la camiseta a la cara, y mostró así un pecho huesudo, con un borroso y desdibujado tatuaje que le recordaba vagamente a una virgen, pero que no se entretuvo en identificar, pues prefirió aprovechar para mirar si tenía bombas o pistolas bajo la ropa. O sol colorindo é tão lindo, é tão lindo e a natureza sorrindo, tingindo, tingindo… No entendía ninguna palabra. Se volvió a su padre y le estiró del brazo para que se agachase.
–¿Papá, los negros son moros?– susurra.
–No se dice moro, se dice marroquí…– Su padre no terminó de contestar, un frenazo del vagón le hizo erguirse y agarrarse con firmeza a la barra. Las puertas del vagón se abrieron como en las naves de la Guerra de las Galaxias y la madre de Diego alargó el brazo para sujetarle a su lado mientras una marea de gente se agolpaba por salir.
Cuando las puertas se cerraron de nuevo, muchas de las caras del vagón habían cambiado, el negro seguía en su sitio, y a pesar de que había entrado mucha gente, los dos asientos a su lado seguían libres, el espacio a su alrededor estaba vacío. Una joven rubia, se abrió paso entre la gente, llevaba una mochila azul inmensa, como la del tío Lucas cuando vino de una montaña muy alta. Vio el asiento libre junto al negro, se quitó la mochila con un suspiro de alivio y se sentó. El negro no reaccionó a su presencia, siguió cantando bien alto. Ella le observó en silencio, intentaba seguir la canción moviendo los labios en silencio. Sonrió y le dijo algo, y el negro calló, reposó sus brazos y la miró. Parecía entender lo que la chica le decía. Le devolvió una sonrisa rota y desdentada a la rubia y le habló sosegadamente, en un extraño lenguaje que fluía sin sonidos ásperos.
Diego dio otro paso adelante, se soltó de la falda, dejó de vigilar el bolso de su madre, dejó de mirar los nudillos del puño de su padre. Quería escuchar qué decía la rubia que había hecho al negro estar silencioso y comportarse como cualquier otro en el vagón. Diego se acercó aún más, tanto que el negro le podría tocar si alargase su brazo totalmente, sentía su corazón latiendo a toda velocidad. Desde allí pudo oír al negro hablar a la chica con una voz tan grave y baja, tan cavernosa como sólo puede ser la voz de un negro, más oscura aún que cualquier cárcel en la que pudiera haber estado, que sus gafas, que el interior de su armario en la noche, tan profunda, tan honda, que Diego creyó oír un eco dentro de su cabeza, como si la voz se le hubiera metido en su cabeza, y pudiera hablarle desde allí, aunque se tapara los ojos y los oídos.
El negro arrancó a cantar, y la rubia parecía saberse la canción, pues seguía la melodía con un tímido movimiento de sus manos, sus labios repetían silenciosamente las palabras. Poco a poco, movía sus manos con mayor amplitud de movimientos. El negro la miró con una cara de felicidad, subió su voz, y entonces ella también lo hizo, hasta alcanzar un volumen en que podía ser oída por los otros pasajeros. Unos empezaron a mirarla con una ligera cara de reprobación, otros hicieron como que no estaba allí. Você também me lembra a alvorada quando chega iluminando meus caminhos tão sem vida… la chica parecía saber la canción de aquel negro desdentado y escandaloso… Mas o que me resta é tão pouco ou quase nada, do que ir assim, vagando nesta estrada perdida…
El terrible estruendo otra vez. La luz de una estación. Diego se llevó las manos a los oídos cuando empezó a sentir la acción del freno. El negro se puso de pie como un resorte, con una agilidad de la que hasta ahora parecía incapaz y al verlo de pie, Diego se abrazó fuertemente a las piernas de su padre. Se aflojó un poco cuando vio que el negro no iba a hacia él, si no que se giraba hacia la rubia y le plantaba un beso desdentado en la mejilla. Mucha gente lo vio, pero nadie hizo nada, el policía secreto que se disfraza de pasajero y que debiera estar en alguna parte del vagón, ni se movió para pararle los pies al negro. La rubia no apartó la cara al ver que el negro la besaba, sonrió como si se conocieran de toda la vida. No se lavó la cara con la manga después de aquel beso.
Las puertas del metro se cerraron, y el negro desapareció. Una vieja suspiró, otra pareja que había estado en silencio comenzó a cuchichear. El señor barbudo que leía, plegó el periódico y negó con la cabeza, mirando a mi padre. La chica rubia seguía allí, pero ya no cantaba, si no que leía con cara seria un libro muy gordo y sin dibujos que había sacado de esa mochila varias veces más grande que el bolso de su madre, cuyo contenido era inimaginable, tan secreto como las palabras que se decían el negro y ella.
–¿Papi, Papi, qué decía el negro, qué decía?– Preguntó Diego, trabándose por la excitación.
–No sé, hijo. No era español... Pregúntale a esa chica, ella sabrá.–
Diego miró a la chica. No era tan mayor como una madre, pero no era una chica de colegio. Sabía que las etiquetas que colgaban de las asas de su mochila, eran etiquetas de avión, pues las había visto en la mochila del tío Lucas. Intentó captar su mirada, para ver si ella le sonreía o le hacía un gesto que invitara a acercarse, pero ella no quitaba los ojos del libro.
Diego le tiró del brazo a su padre y le hizo agacharse, –Está leyendo. Pregúntale tú. Pregúntale.–
–Tienes que aprender a preguntar, no se pueden tener esas vergüenzas.– Y después de decir esto, el padre aclaró su garganta con un discreto carraspeo, y cambió el tono de su voz habitual, para adquirir ese otro más agudo que sólo empleaba cuando hablaba con Don Mariano por teléfono y le mandaba callar a él y a su madre, y quitaba el televisor, ese tono que también utilizaba con los cajeros del banco, con los camareros o con la señorita Pilar.
–Perdone, mi hijo quiere saber en qué idioma cantaban ustedes.–
–Brasileño. Vamos, en portugués de Brasil.– Tenía una voz suave y envolvente como la enfermera de la amigdalitis. Le miró a Diego con una sonrisa, y él se acercó a ella.
–¿Qué te decía el negro?–
–Pues eh, eres un cotilla…– Se rió. Él bajó la vista. –Le pedí que me recordara la letra de una canción.–
Diego miró a su padre, para ver si pudiera completar las respuestas de la chica, o para ver si rehacía sus preguntas con mayor precisión, pero su padre no dijo nada.
–¿Y qué decía la canción?– preguntó de nuevo a la chica.
La chica agachó la cabeza, sonrió sólo para Diego y le miró tan directamente a sus ojos, que tuvo que apartar la vista y mirar al suelo ruborizado. Ni siquiera la hermana de Javi le había mirado así.
–A ver si me acuerdo… es que la tengo que cantar para acordarme.– El estruendo de los frenos. Su padre le agarró del brazo y lo trajo hacia sí. Diego se tapó los oídos. La gente empezó a levantarse y agolparse junto a la puerta. La chica se giró hacia Diego, mientras se colocaba las asas de su mochila y le cantó Alvorada, lá no morro, que beleza, ninguém chora, não há tristeza, ninguém sente dissabor… Las puertas se abrieron y la chica se fue con la masa de gente, que pronto la engulló. Un bufido del vagón y se cerraron las puertas. Otro estruendo y el tren se puso en marcha de nuevo.
–Papá, ¿esa rubia también estaba borracha?–
–No lo sé.–
–Pero ¿por qué cantaba con el negro?–
–No sé, no hace falta estar borracho para cantar.–

Friday, November 04, 2005

UNOS VERSOS DE VILLON



(en la foto está mi abuela, sus hermanas y una amiga)

Prince, n'enquerez de sepmaine
Ou elles sont, ne de cest an,
Qu'a ce refrain ne vous remaine:
Mais ou sont les neiges d'antan?

François Villon, 1461

Incluyo aquí los versos finales de la "Ballade des dames de temps jadis", aquella incursión en el tema del Ubi Sunt del padre de todos los poetas malditos. Es un acto de fetichismo más que nada, quiero verlos escritos en mi blog. Yo también me pregunto muchas veces, y siempre me respondo con ese refrán de Villon, cuando vuelvo a repasar las caras desconocidas de los viejos álbumes de mi abuela, cuando pienso en todas las madres guapas de treinta años que amé como a seres inalcanzables cuando de muy niño visitaba las casas de mis amigos. "Ou sont les neiges d'antan". ¿Dónde están las nieves de antaño? Para el que quiera traducción y poema completo, pinche aquí

Thursday, November 03, 2005

POEMAS ULTIMOS

Inlcuyo aquí los tres últimos poemas que he escrito. Algunos están pendientes de revisión, e irán cambiando. El primero de todos ellos está bastante cerrado... A ver qué os parecen. Para todos los amigos compasivos que compraron mi libro, allá va el anexo.


DASHT-E-KAVIR

Ya hemos llegado a las mansiones de la inexistencia
y hoy empezamos a reconsiderar
la diferencia entre los años y los segundos.

Cuando llegues aquí
verás secarse los nombres de Dios
en la piel de las piedras,

verás un único árbol
cercado por mil alfombras de sal bordadas de huellas,
alfombras donde aún respiran,
entre el polvo que tus pies levantaron,
las oraciones de aquellos
que dieron gracias
por ver la luz de este mundo

Aquí,
en las mansiones de la inexistencia
sabrás que tu rostro
no es más que una nube de polvo
suspendida en este aire quieto y seco
que tus pies levantan al pasar,
nube que pronto caerá
para ser alfombra de sal
bordada de huellas,
junto al único árbol.


El Universo en la cabeza de mi perro

But if a man would be alone, let him look at the stars.

–Ralph Waldo Emerson


Ya no sé cuántos miles de años llevo mirando a las estrellas,
pero recuerdo la primera vez que las vi
aún no habíamos inventado las horas, las semanas
no habíamos nombrado a los días
ni sabíamos aún que el tiempo gira sobre sí mismo
y vuelve a empezar sin nosotros
deja de respirar con nuestros pulmones
hasta descomponernos en piedra, en aire, calor
en metralla y munición de estrellas
para la próxima gran explosión del universo.

No sé cuántos miles de años llevo mirando a las estrellas
ya he olvidado sus nombres,
aquéllos con que las bautizamos
cuando decidimos que cualquier cosa
puede ser encerrada en una palabra para habitar
dentro de nuestros cuerpos.

Esta noche vuelvo a mirarlas,
paseo por el campo
acaricio el cuerpo cansado de mi perro
paso mi mano entre sus orejas inquietas
que se tensan hacia arriba
para atrapar la brisa nocturna
que silba en los huecos de las encinas
azuza la hierba alta que se bebió
todas las tormentas del invierno,
y lleva en su seno los olores del limón lunero.
la arrullo de los primero grillos,
el croar de las ranas que habitan
todos los charcos del camino.

El sol se ha puesto y toda la luz del cielo
se desagua por las estrellas.
Vuelvo a mirarlas, como hace miles de años,
me pregunto si mi perro también las ve,
entro en la mente de mi perro
para mirar las estrellas asomado a sus ojos
y entonces el universo,
se libera de las palabras, de las ideas, de las dimensiones y de las magnitudes,
en que lo hemos comprimido para que quepa en nuestras mentes
el misterio se hace infinito
y ya no puedo ver las estrellas,
porque todo brilla desde la misma distancia.


Vencejo

Las tardes de verano oscurecen,
con mis ojos atados a la cola de un vencejo
que arrastra mi mirada en vuelos circulares

El cielo queda garabateado
En mil órbitas, trazos invisibles
que en el vacío de mi mente deja flotando
la estela de aquel vencejo
que gira y gira
hasta que el último reflejo del día
deja de estrellarse en las nubes.

Wednesday, November 02, 2005

FROILANISTAS CONTRA LEONORISTAS

Acordémonos de esas luchas del siglo XIX entre los Carlistas (los abuelos ideológicos de los nacionalcatolicismos ibéricos, tanto del vasco como del franquista) y los liberales. Los primeros, algo más machistas y tradicionales, defendían el ascenso al trono del infante Carlos, mientras que los liberales defendían la línea legítima que representaba una mujer, Isabel II. Ayer nació Leonor de Borbón y Ortiz, que parece que si todo sigue su curso heredará algún día la corona de España. Pero hace 150 años (o quizás menos), seguramente la sociedad española se hubiera polarizado entre dos extremos: la línea del Infante Froilán y la de la Infanta Leonor. Ambos ilustran dos concepciones diferentes de la monarquía. La línea Froilán es de un linaje más rancio, de hecho, físicamente, su padre, Marichalar, tiene ese mismo aire que desprendía nuestra mayor gloria regia, Fernando VII, el restaurador de la Inquisición y terminator de la constitución de Cádiz (la Pepa).



Y aquí el noble Don Jaime: en cada rasgo de su cara se aprecia el espíritu de Fernando VII



La guerra debería iniciarse entre asturianos, partidarios de la infanta Leonor, y sorianos, partidarios de la casa de los Duques de Soria, de la cuál proviene esta marichalada estirpe de nobles rasgos equinos, pantalones de flores y solitarios capitanes de motos de agua. ¡Froilán y cierra España! ¡Covadonga salve a Leonor! Está claro que la institución monárquica ha perdido todo interés y no nos mueve ya a conflictos fratricidas, no parece que la causa sea suficientemente importante como para derramar sangre, se puede dirimir todo en Salsa Rosa y Aquí Hay Tomate. Pero insisto, hace 150 años, tendríamos una guerra civil de las gordas. Estaría bien que la gente se tomara más en serio los aforismos de Nietzsche: una buena guerra santifica todas las causas.